terapia de pareja

La importancia de tu diálogo interno

La forma en cómo te hablas es decisiva a la hora de que tu autoestima esté o no fortalecida. Por ello, es importantísimo saber cuáles son esas palabras que usas habitualmente cuando hablas contigo misma.

Para saber si tu tendencia es negativista o bien optimista, te propongo que respondas a unas preguntas.

Imagina que te sucede lo siguiente:

Has quedado con unas amigas, que no ves desde hace meses, para ir a comer. Coges tu coche, sabiendo el trayecto que vas ha hacer y lo que vas a tardar en llegar al restaurante. Cuando estás a mitad de camino, descubres que la calle que ibas a tomar está en obras.

¿Qué piensas en ese momento?

  1. “¡Qué desastre de ciudad, siempre haciendo obras! ¡No hay quien circule por aquí! ¡No podían hacerlo a otra hora, nooo!”
  2. “Vaya, qué casualidad. Bueno, tendré que averiguar por qué otro camino puedo llegar. Voy a avisarlas de que posiblemente llegue un poco más tarde”

En ambos casos, lo que vas a tener que hacer es buscar un camino alternativo. Sin embargo, descubre ahora de qué manera te afecta actuar de una u otra forma.

¿Qué sucede si te hablas como en la primera respuesta?

Que la información que mandas al cerebro es de queja, de exigencia de que las cosas deben ser como tú tienes pensado. De no salir así, entras en bucle haciendo esa queja cada vez más grande llegando a la frustración y al bloqueo mental. Te vas a sentir incapaz de pensar con claridad y de ver otras alternativas y soluciones para encontrar un camino alternativo. Cuando llegues a la comida estarás en un estado de nervios tal que te costará disfrutar desde un primer momento del encuentro con tus amigas.

¿Qué sucede si te hablas como en la segunda respuesta?

En esta ocasión, ante algo que no sale como tenías previsto, inmediatamente le envías a tu cerebro la orden de buscar alternativas y soluciones. De una manera sosegada acabarás haciendo lo mismo, buscar otro camino, y al estar más receptiva, encontrarás las soluciones antes. Llegarás al restaurante contando tu aventura y siendo ello motivo de risas y de pasar un buen rato con tus amigas.

La gran diferencia es tu estado de ánimo y las emociones que aparecen ante un acontecimiento que no tenías previsto y que te obliga a cambiar el recorrido a efectuar.

Pero quiero que te fijes en una cosa muy importante.

¿Por qué aparecen esas emociones?

Por los pensamientos que has tenido, por esos pensamientos que has evocado y a los que has seguido alimentando cuando te has encontrado con ese imprevisto en la calle.

Si los pensamientos son de queja constante, de buscar todas las pegas de la situación, tus emociones van a ser de enfado, ira, frustración y de, en el peor de los casos, darte media vuelta y no ir a la cita.

Si los pensamientos que alimentas son de buscar soluciones, tus emociones pueden ser de queja al principio, al encontrarte con las obras, pero tendrás la capacidad de transformar tus emociones en serenidad, comprensión, y desde la templanza dar con la mejor alternativa para llegar al restaurante y disfrutar de la comida con tus amigas.

La gran diferencia está en no anclarse a la queja.

Es normal que te quejes cuando no salen los planes según los tenías previstos o te encuentres con algún imprevisto. Bien, quéjate 5 ó 10 minutos, pero ya, ya basta. No sirve de nada entrar en bucle.

Y ahora, pregúntate.

  • ¿Te gusta sentirte enfadada y chillando? Seguramente no.
  • ¿Consigues algo gritando o quejándote? Sí, enfadarte más y bloquearte, a parte de tener una muy mala sensación interior, malestar emocional.

Todo esto  lo puedes aplicar a cualquier ámbito de tu vida.

Piensa, por ejemplo, en cómo te hablas habitualmente cuando lo que haces te sale mal o no tan bien como esperabas (conocer a otras personas, bailar, estudiar, cocinar, etc.)

¿Cómo te hablas?

  • “¡Qué torpe soy!, Así no conseguiré nunca aprobar / conocer a alguien / etc.”
  • “¿Cómo podría aprender a bailar mejor / técnicas de socialización / cocinar / etc.?”

¿Ves la enorme diferencia?

Todo ello está muy relacionado con la educación recibida, creencias limitantes y con la autoestima. Si tu tendencia es negativista te costará salir de ahí porque tienes que desaprender unos hábitos de comportamiento, para aprender unos más optimistas e interiorizarlos.

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