Son muchas las veces que escucho en las sesiones o a personas cercanas frases como:
- «No voy a quedar con mis amigas/os porque mi pareja se puede mosquear»
- «No me atrevo a decirle lo que quiero con ella/él por miedo a que me diga que soy pesado/a o se vaya de mi lado»
- «Es que no sé dónde está. Hace unas horas con sé nada de ella/él»
- «¿Le parecerá bien si hago ésto?
- etc….
Y no te voy a mentir, yo también fui de esas que se preguntaba una y mil veces las cosas antes de tomar una decisión por miedo, muchos miedos y diferentes. Sin embargo, este comportamiento no es más que una clara dependencia emocional hacia la pareja que tenemos y pérdida de libertad individual.
¿Y por qué? te preguntarás….
Pues bien, habría que ver cada caso en particular, pero en la mayoría de casos son creencias que nos han grabado de manera inconsciente en nuestra memoria y que aparecen cuando nuestro subconsciente detecta una situación similar en la que nos «metieron» esas creencias. Te lo explico con un ejemplo.
Cuando somos niños tenemos a nuestros padres, educadores, tutores como personas adultas y de referencia, es decir, las damos el poder sobre nosotros porque sentimos que ellos nos protegen y dan seguridad, que saben qué es lo correcto y lo que no, y que nos enseñan a caminar por la vida. Y, además, como les amamos, les admiramos, queremos ser y sentir que somos importantes para ellos. ¿Y cómo lo hacemos? Agradándoles.
Claro, lo importante aquí es que no somos conscientes de la manipulación a la que somos sometidos. Verás, te cuento. Si esas personas de referencia, a las que doy el poder sobre mí resulta que se enfadan porque he sacado una mala nota en el colegio, ¿qué pasa en mi interior sin que yo me dé cuenta porque soy una personita pequeña, inmadura emocionalmente para gestionarme? Pues que detecto que les he defraudado, que se enfadan e incluso puede que me castiguen, entonces siento que no soy una persona válida ni querible. A partir de ese momento me pongo en modo «agradar a los demás» para ser amada/o y valorada/o por esas personas de referencia para mí, esas a las que doy el poder.
Esto sucede de forma inconsciente y se queda grabado en nuestra memoria. Así, crecemos con una autoestima debilitada e insegura en lo que a las relaciones se refiere.
¿Qué sucede cuando tenemos pareja?
Primero que el entusiasmo nos embriaga porque alguien desconocido hasta ahora ha decidido estar con nosotros y nos ama (o eso nos comunica), es decir, le estamos dando ya el poder sobre nosotros a cambio de su amor. Así que procuramos que esa persona no se defraude y nos siga queriendo, y como en nuestra memoria tenemos instalado el «programa» de agradar para ser amados/as, se pone en marcha todo el engranaje y aparece esa/e niña/o interior a flote volviendo a hacer las mil y una cábalas para que esa persona a la que ahora amamos y le hemos dado el poder sobre nosotros no se enfade ni nos castigue, y así nos convertimos en una persona sumisa que pierde toda su libertad por estar en pareja, llegando incluso a dejar de lado esas metas y objetivos que tenía antes de conocer a esa persona.
Esto al final termina en una relación tóxica porque puede que la persona sumisa acabe sintiendo que su vida se ha ido al traste y entre en una fase depresiva de su vida, o puede que la persona que recibe toda clase de elogios y cuidados se canse de ver que su pareja no tiene iniciativa y sea sumisa. Y es que agradar está bien siempre y cuando sea equilibrado y recíproco. También puede darse que se mantenga por comodidad este tipo de relación y se viva en una apatía y rutina constante.
Lo que tenemos que darnos cuenta es de la persona que éramos antes de conocer a nuestra pareja, de las metas, objetivos, actividades, hábitos, rutinas, estudios, trabajo, etc., que teníamos y que determinaban nuestra vida, la definían porque así lo habíamos decidido nosotros pues era nuestra vida, y que ahora han desaparecido por el hecho de recibir amor a cambio de un sacrificio personal.
Eso no es amor de pareja. Eso es perder la libertad y autogobierno para convertirse en dependiente de otra persona, y eso es esclavismo emocional.
El amor no se compra ni se vende. El amor está en cada uno de nosotros porque somos amor en nuestra esencia.
Para fomentar ese amor que está en nuestra esencia y poder tener una relación de pareja sana, hay que trabajar en nuestra autoestima. Ya sabes que la relación de pareja sana llega cuando la relación contigo misma/o también es sana. Y te aseguro que cuando te relacionas desde ese amor infinito que somos con los demás, la satisfacción es de agradecimiento y plenitud infinita. Y ahí llega el momento en el que entiendes que las relaciones de pareja deben ser siempre horizontales y no verticales, llegan las relaciones sanas.
Como siempre la decisión está en ti.
Si decides dar el paso y comprometerte con el cambio, puedes escribirme para reservar tu sesión de valoración y decirte si te puedo ayudar, y si es así, cómo vamos a trabajar juntos/as. (Recuerda: solo tenemos una vida y esta, ¿cómo la quieres vivir y guardar en tu memoria?)

