Es frecuente escuchar esa frase de «lo mejor es no esperar nada de nadie», y bueno, quizá en parte tiene razón cuando se trata de las personas que nos rodean que NO son la pareja, es decir, si haces algo por una amiga o amigo no es porque estés esperando que te devuelva ese favor que le has hecho, aunque bien es cierto que si siempre le haces favores y cuando le pides uno no te lo devuelve, pronto dejarás de hacerle alguno que otro, ¿verdad que sí? Y eso lo ves claro.
Cuando hablamos de la pareja todo cambia.
Dentro de la relación de pareja SÍ se pide que haya reciprocidad y, además, es de lo más equilibrado y razonable el pedirlo. Te cuento los motivos.
Cuando se decide estar en pareja, vivir en pareja, hay que tener claro que es una elección, no una obligación, ni un «dejarse llevar por la situación». A partir de ahí, también tendremos claro que si decido estar con una persona es porque le voy a entregar lo mejor de mí. ¿Y eso que conlleva? Pues si yo te entrego lo mejor de mí, un requisito esencial es que tú me entregues también lo mejor de ti, puesto que por eso hemos decidido ser pareja.
Y es así de fácil. Si yo te doy amor, exijo amor de vuelta; si yo te cuido, exijo que me cuides; si yo te respeto, exijo respeto; si yo te doy intimidad, exijo intimidad de vuelta; y así todo lo que contemplen los pilares de una relación o vuestros valores. Cuando esa reciprocidad es desequilibrada, lo que ocurre es que la persona que siempre da, acaba hartándose, cansándose, aburriéndose de ser la que «hace por y para» la otra persona, para su persona amada y para que funcione la relación, sin recibir nada a cambio. Hasta que finalmente, se desenamora, se le acaba el amor, y se va de esa relación en desequilibrio. Y es que nunca hay que olvidar que el amor propio prima por encima del amor de pareja.
Es decir, nunca hay que doblegarse ni cambiar nuestra personalidad para agradar a la pareja porque también, más pronto que tarde, terminarás harta/o de estar donde no se tiene en cuenta, ni se te valora, ni respeta, donde da igual lo que hagas porque lo que pida la otra parte de la pareja es lo que importa. Así se construyen las relaciones de pareja tóxicas.
Por lo tanto, en una relación de pareja siempre, y digo siempre, debe haber un equilibrio, o lo más cercano al equilibrio, para que ambas partes de la pareja se sientan importantes para el otro o la otra, que sientan que son tenidos/as en cuenta, respetados/as, en definitiva, amadas y amados.
Y para conseguirlo es tan sencillo como hablar, sí, comunicarse.
La comunicación es esencial en una relación de pareja sana. Hay que expresarle a la otra persona cómo nos sentimos, lo que nos gusta y lo que no, nuestro valores, lo que nos potencia y lo que nos resta energía, etc. Se trata de conocernos de tal modo que ambos sepamos cómo trabajar diariamente en equilibrar la relación desde lo más básico como las tareas del hogar, hasta la educación de los hijos/as, u otros temas de relevancia para la pareja o una parte de la pareja.
Ya sabes, cuanto más equilibrada está la relación de pareja por ambas partes, más sana va a ser esa historia de amor.

